Autoestima y Seguridad

Todos necesitamos sentirnos seguros. Es una necesidad básica.

Seguridad de tener recursos, habilidades, maneras de hacer frente a lo que nos venga o plantee la vida diaria. Seguridad de ser capaces de disfrutar y de resolver dudas que nos asaltan. Seguros de poder estar mal y cometer errores, para luego remontarlos si es bueno para ti. Esta es parte de una alta autoestima. Cuando a ti mismo/a te valoras, te tratas bien y estás satisfecho con la vida que estas llevando.

Seguridad de poder recibir el apoyo y cariño que necesitamos a nivel social. Y si no lo tenemos de buscarlo. Pedir lo que necesitas también es parte de una autoestima ajustada.

De ahí nuestra necesidad de vincularnos, con figuras de apego. Referentes adultos que cuando somos niños, pueden facilitarnos  construir esa base de seguridad y confianza en nosotros mismos. Para poder desarrollarnos, amueblarnos con lo que necesitaremos al ser “mayores”.

Cuando de niños o de adultos, presentamos síntomas, problemas de conducta o emocionales, puede estar en juego esa seguridad interna. Y son precisamente esos síntomas o dificultades las que nos avisan de que hemos de restaurar esa confianza interna. La que te hace darte el valor que mereces.

Comparto en este artículo, este ejercicio de visualización:

 Imagina, crea tu espacio seguro donde darte valor y cuidar tu autoestima.

“Busca un momento tranquilo,  lee e imagina . Cuando termines puedes dibujar algo que está al final de este viaje. Ahora me gustaría que te pongas tan cómodo como puedas, y encuéntrate a ti mismo. Cuando imagines lo que te esté contando, piensa en un bonito lugar para estar, porque será tu lugar, es tu espacio.

Ahora nota que está sucediendo en tu cuerpo, si está tenso, si está inquieto, si está relajado…tal como está tu cuerpo está bien, no intentes relajarlo…solo percátate de cómo está. Recorre tu cuerpo desde la cabeza a los pies y date cuenta. ¿Cómo estás respirando? ¿Estás haciéndolo profundamente o con una respiración corta y rápida? Me gustaría que ahora hicieras un par de respiraciones profundas. Si quieres, deja salir el aire con algún sonido.

Ahora voy a contarte una pequeña historia y llevarte a un viaje imaginario. Haz por seguir este viaje. Imagina lo que te voy a ir contando y observa cómo te vas sintiendo mientras tanto. Nota si te gusta o no ir en este pequeño viaje. Si llegas a un lugar que no te agrada, no tienes obligación de entrar en él. Solo escucha y veamos que sucede. Ves parando la lectura, si quieres cierra los ojos a ratos…

“Quiero que imagines que vas caminando por un bosque. Hay árboles por todos los lados y pájaros cantando. El sol empieza a asomar entre los árboles y está sombreado. Es muy agradable pasear por este bosque. Hay pequeñas flores, flores silvestres, en las orillas. Vas caminando por un sendero. Hay piedras a los costados del camino, y de vez en cuando ves correr a un animalito, quizás un conejo. Estás caminando y de pronto te das cuenta que el camino asciende y vas hacia arriba. Ahora sabes que estás subiendo una pequeña montaña. Cuando llegas a la cumbre, te sientas a descansar sobre una gran roca. Miras alrededor. El sol brilla, vuelan aves. Al otro lado del camino, hay un valle de por medio, hay otra montaña. Puedes ver que en aquella montaña hay una cueva y deseas estar en esa montaña. Te das cuenta que los pájaros vuelan fácilmente hacia allí y deseas ser un ave. De pronto, como esto es una fantasía y todo puede suceder, ¡Te das cuenta que te has transformado en pájaro! Pruebas tus alas, y puedes volar. Así que despegas y vuelas fácilmente al otro lado.

“Al otro lado te posas en un roca y de inmediato vuelves a ser tu mismo. Trepas por las rocas buscando la entrada a la cueva y ves una puertecita. Te agachas, la abres y entras en la cueva.

Cuando estás dentro, hay espacio suficiente para estar de pie. Te paseas examinando las paredes de la cueva y de improvisto ves un pasillo. Caminas por él y pronto te das cuenta que hay una fila de puertas, cada una con un nombre inscrito en ella. De inmediato llegas a una puerta que tiene tu nombre. Te paras frente a ella. Sabes que este será tu lugar. Podría ser un lugar que recuerdes, un lugar que conoces ahora, un lugar con el que sueñas, incluso un lugar que no te gusta, un lugar que nunca has visto, un lugar interior o exterior. No lo sabrás hasta que abras la puerta. Sea como sea, es tu lugar.

“Así que gira la manilla y entra. ¡Mira alrededor de tu lugar! Obsérvalo. Imagínalo, mira lo que hay, donde está, quién hay allí, ¿Hay gente, hay animales, no hay nadie, como te sientes en ese lugar? Ves caminando por tu lugar…

“Cuando estés listo,  de nuevo aquí”. Toma un papel y dibuja tu lugar. Si lo prefieres puedes dibujar algo concreto, una imagen, un sentimiento que te haya surgido en la fantasía.  Confía en lo que viste cuando abriste la puerta con tu nombre, aun si no te gustó.

 

Espero hayas disfrutado de la práctica, y te sirva, para crecer en Autoestima y Seguridad.

Comments
  1. alejandra

    Me ha encantado el viaje a mi espacio. Gracias. Ahora espero poder pasarme por ahí cuando quiera y lo necesite

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