Problemas infantiles y medicación ( trastorno de atención e hiperactividad)

No siempre es un acierto medicar a los niños. Por ejemplo, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad y la medicación que conlleva, puede resultar perjudicial. Y como padres y/o profesionales, nos genera muchas dudas que decisión tomar.

El siguiente artículo va dirigido a exponer, de nuevo, el continuo debate sobre la prescripción de medicación para reducir síntomas que presentan los niños.

En nuestra cultura médica y psicológica, quizá, en muchos casos abusamos del modelo médico de paliar los problemas quitando los síntomas, que a veces, son la voz que tiene el niño de expresar su malestar, y no siempre por causa física.

La tendencia a medicar para reducir el malestar se extiende ya en edades tempranas.

Recojo en este enlace el articulo, que muy bien refleja las posibles consecuencias negativas sobre la medicación al diagnosticar un posible trastorno de déficit de atención e hiperactividad.


La asociación AAPIPNA (Asociación Aragonesa para la Investigación Psíquica del Niño y el Adolescente), recoge en su Blog “Creciendo con Eco” el articulo que enlazo:

Primer Encuentro de Creciendo Con Eco: Presentación del Proyecto y Conferencia de Beatriz Janin

Extraído del artículo:

“Lo que pensamos, lo que decimos… A veces no somos plenamente conscientes pero juzgamos y etiquetamos a los niños prematuramente, condicionando su comportamiento y produciéndoles unas heridas que, metafóricamente, pueden llegar a estar sangrando durante muchos años si no se reconocen y cicatrizan correctamente. Es el llamado «efecto Pigmalión o profecía autocumplida» de los padres sobre los hijos, o de los profesores sobre los alumnos. Demasiadas veces se pronuncian expectativas o prejuicios durante el proceso comunicativo con los más pequeños sin tener en cuenta que en el futuro pueden originar sentimientos, comportamientos o rendimientos no esperados y/o deseados. En toda relación entablada con niños y adolescentes debe prestarse especial atención a la forma en que expresamos y transmitimos nuestras ideas, especialmente aquellas que afectan a su propia forma de ser, actuar o pensar sobre una determinada cuestión. En estas etapas los jóvenes se encuentran en pleno desarrollo físico, psicológico y afectivo, por lo que son altamente vulnerables a la influencia que puede llegar a ejercerse sobre ellos por medio de la comunicación. Es bastante fácil que, con nuestras palabras, afectemos al autoconcepto y la autoconfianza del niño. Es muy fácil afectar de forma inconsciente a los niños con nuestras palabras. Por lo tanto, las etiquetas que ponemos a los niños pueden provocar comportamientos no deseados en ellos…”


No obstante, en mi opinión en algunos casos bien diagnosticados, los niños pueden beneficiarse durante un tiempo, del tratamiento farmacológico, siempre que sea puntual, y acompañado de un proceso terapéutico donde elaborar la problemática que influye u ocasiona sus síntomas.

Trastorno que es diagnosticado, a veces, erróneamente, ya que los síntomas de dicho trastorno, muchas veces es debido a la presión y exigencia del ritmo de vida que llevamos adultos y en consecuencia los niños. Más que debido a un trastorno de carácter neurobiológico como es el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

Ultima reflexión:

La energía de los niños, por tal ritmo vital, a veces, está muy contenida.

Saltar, gritar, jugar, no hacer, aburrirse, estar en la calle,  crear, inventar…descargar.

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