Ir a terapia
Aceptar el cambio como parte de la vida
Comenzar un proceso de psicoterapia no es fácil. Muchas veces nos cuesta dar el paso, y una vez hecho, encontrar a una persona que nos sepa acompañar bien, encajar y que esté formada con enfoques de terapia que nos sirva, puede ser complicado, y en ocasiones no es a la primera.
A veces rechazamos ir a terapia por miedos y creencias que nos limitan
¿Si me siento incómodo con la idea de hacer terapia, o de hablar sobre mis problemas?
Es esperable que al principio nos sintamos incómodos, incluso tengamos incredulidad, creer que no lo necesitamos o que no me va a servir . Como terapeuta, también hago mi trabajo personal, y a menudo encuentro en mí partes así, con temor y resistencias.
“ i si voy, es asumir que hay algo mal en mi”, “ si lo mío es psicológico, parece que me lo invento, que no tengo fuerza de voluntad, que mi dolor no es de verdad” , “no creo en los psicólogos, ya fui y se lo que es”, “ Yo se maneras de encontrar mis propias respuestas, nadie me va a conocer mejor que yo” “Soy una persona muy cerrada, me va a constar mucho abrirme y no confío en que funcione”…
La relación que comienza entre paciente y terapeuta ayuda a reducir estos sentimientos de desconfianza, que son naturales, dejan de ser obstáculos, ya que la persona con la que vas a trabajar va a ayudarte a que encuentres la manera de abrirte y poder expresar, y esto suele ser liberador, y lo que sucede en la relación terapéutica lo vas a poder trasladar a otras relaciones de tu vida personal, aumentando tu confianza interna.
Los cambios que nos sobrevienen en la vida, tambalea nuestro equilibrio interno, y nos exige un reajuste para enfrentarnos a las pérdidas ( empleo, alguien querido, una etapa vital, del cuerpo..)
El cambio como personas es necesario y el proceso puede ser lento y largo.
Introduciendo esa hora de terapia en mi rutina vital, como un hábito, un lugar para entenderte con amplitud, con perspectiva, con verdadera curiosidad y coraje…te ayudará a soltar lo que pesa en tu interior, a rescatar la verdadera identidad, a recuperar tus verdaderas competencias y cualidades como persona para enfrentar los retos que la vida presenta.
Ir a terapia no es cuestión de creencia. No es preciso creer en otros profesionales y vamos cuando lo necesitamos ( mecánicos, abogados, dentistas..) y si uno no dio con la solución, no nos convencemos de que no es necesario y seguimos con la avería, la multa, la herida…buscamos en otro lugar.
Tener la creencia de que ir a un tratamiento de psicoterapia es ir a desahogarnos como lo hacemos con un amigo, es erróneo. Los amigos no están para escuchar nuestras quejas, las amistades se cuidan de otra manera. Buscar especialistas para elaborar nuestros problemas vitales, nos guiará para trabajar tanto en el plano físico como psicológico. Y sabrá aliarse con nuestras limitaciones, bloqueos y resistencias iniciales, de eso se trata su preparación y formación científica.
No solo te liberas de malestar, te entrenas para vivir tu tiempo de vida con plenitud, como mereces…
A menudo, la negativa a ir a terapia la causa el miedo a entrar en aquellos momentos de vida que no queremos recordar, o aspectos presentes que nos da miedo cambiar. No contar, aumenta las defensas, y la evitación hace mantener los síntomas y la estructura insana más tiempo.
Todo habita en nuestro cuerpo, tu habitas en tu cuerpo, y un buen especialista en psicoterapia está disponible personal y preparado profesionalmente para saber estar con tú manera de protegerte y te ayudará, demostrará tus posibilidades de cambio.
Cuando nos trabajamos en psicoterapia, aumentamos nuestras estrategias para ser resilientes, a conseguir salir adelante y tener recursos para hacer frente a los golpes y obstáculos que la vida nos pone.
Aprendemos a agradecer, por las cosas buenas que nos van sucediendo, por las personas que tenemos en nuestra vida, por los detalles valiosos del día a día, aprendemos a dejar a un lado “lo que tendría que ser y no tengo” a negociar con nuestras partes críticas. Este hábito nos deja la sensación de estar haciéndolo bien, de valorar nuestro esfuerzo. Nos agranda nuestra fortaleza, nuestro hogar interno. Nos ayuda a estar presentes y atrae el mismo signo de energía en la vida y en el resto de personas. No hay mejor inversión. Hay que confiar en ello.
(Texto inspirado en la lectura del libro “El cuerpo tiene memoria” de Natalia Seijó.)