«No Necesito Psicoterapia / Miedo a «ir al psicólogo»

Muchas personas a las que atiendo en consulta, y cualquier persona que tengamos experiencia en haber pasado en procesos de psicoterapia, nos preguntamos; ¿Cuánto hay que ahondar, profundizar en nuestro mundo interno y malestar para poder sentirnos confiad@s y creer en nosotr@s mismos?. Sin embargo, tal como comparto más abajo; El crecimiento personal acompañad@ de un profesional, suele ser el único camino para liberarnos de nuestras tendencias o patrones repetitivos que nos originan daño en el presente. «El camino para que el pasado deje de influir en el presente es justo al revés de lo que imaginamos. No se consigue dejándolo atrás, corriendo para que nuestros recuerdos no nos alcancen, enterrándolos muy adentro de nosotros. Se logra abrazando lo que somos, reconciliándonos con lo que fuimos en distintas etapas, entendiendo lo que hicimos y lo que no pudimos». Elaborando nuestra historia no con ánimo de removerla, sino de entender y procesarla para ampliar una buena mirada hacia nosotr@s mism@s y nos permita vivir con la amplitud que merecemos. ( más abajo copio un texto extraído de un libro estupendo «No soy Yo». Anabel Gonzalez.)

Aquí enlazo un vídeo ilustrativo sobre nuestra dificultad a modificar patrones, maneras de funcionamiento que aprendimos desde niñ@s, tal como nos hablaron, cuidaron, nos hablamos y cuidamos en el ahora, en el momento adulto. Y re-aprender, con una mirada lo más limpia posible a la realidad, es una manera de abrirnos a lo que la vida nos brinda y poder aprovecharlo.

Extraído del libro: No Soy Yo, de Anabel Gonzalez.

“La curiosa paradoja es que cuando me acepto a mí mismo puedo cambiar”
Carl Rogers.
Las personas estamos compuestas por distintas partes o “estados del yo”. Son como personajes internos que tuvieron algún fin a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, puede que en algunas ocasiones sus funciones ya no sean tan saludables para el desarrollo de nuestro potencial en el presente o puede que esas partes estén desconectadas unas de otras y no remen en la misma dirección trabajando como un equipo integrado.
Conocer los distintos elementos que nos componen, entender sus orígenes, desprender las del molde en el que se formaron, abrir la comunicación con el resto del sistema, combinar perspectivas del pasado y el presente y dejar que adquieran formas más actualizadas y ajustadas a nuestras necesidades presentes, será un camino a recorrer interesante y sanador. Haciendo que esos programas antiguos se vuelvan adaptativos con versiones más ajustadas: versiones de nuestras partes 2.0.
Hay muchas partes internas en nosotros, que funcionan de forma automática sin darnos cuenta. Aquí vamos a comentar algunos ejemplos y como les puede venir bien esa actualización. Pero cada persona tendrá que identificar las suyas y conocerlas, para desde ahí ir acompañándolas en el proceso de mejorar la versión y promover el trabajo conjunto de todas ellas.
Otra de las partes que todos llevamos dentro son nuestros niños internos. Hay etapas o experiencias que pudieron quedarse bloqueadas y no crecieron con nosotros. Tuvimos que seguir adelante, pero nadie les ayudó y les contuvo como necesitaron (niños que vivieron acoso, humillaciones, desprecios, negligencia, maltrato, etc.), quedando ese momento vital atrapado en redes de memoria que a veces toman el control de nuestra vida y nos vemos actuando con el miedo o la tristeza de aquellos niños, o con su necesidad de consuelo, o con su vergüenza, o con su miedo al abandono, etc.
Mirar al niño o la niña que fuimos y ver que le pasó y que pudo necesitar será un trabajo fundamental. Puede que al principio no sea agradable, ya que tenderemos a mirar a ese niño con los ojos con los que le miraron otras personas (rechazo, odio, desprecio). Sin embargo, poco a poco podemos pararnos a pensar si nos gustaron esas miradas, o si nosotros miraríamos así a otro niño u otra persona a la que le pasara lo que le pasó a nuestro niño interno: ¿Cómo trataríamos nosotros a otra persona o niño en esas circunstancias? ¿Cómo nos hubiera gustado que nos trataran?
Y desde esa conciencia podremos acompañar a nuestros niños internos ofreciéndoles otra mirada, ofreciéndoles seguridad, comprensión y ayuda. Para que crezcan y disfruten de lo que siendo adultos hemos logrado llegar a ser, ya que sin ellos no estaremos completos. En nuestro desarrollo es importante que no dejemos atrás ninguna de nuestras etapas, será entonces cuando podamos pasar página y centrarnos en nuestra realidad presente.

Cuando hemos podido revisar nuestra historia, podemos empezar a asumirla, sin dolor y sin que condicione nuestra vida presente y futura.
Para el bienestar emocional es vital la aceptación. Aceptar no significa resignarnos y no hacer nada para que cambie nuestra suerte. Si no aceptamos, se anula nuestra capacidad para modificar las circunstancias, estancándonos. Hemos de aceptar nuestra historia pasada que nada tiene que ver con dar vueltas a por qué nos pasó lo que nos pasó ni torturarnos con nuestra mala suerte.
La base del cambio es partir de cómo hemos llegado hasta aquí, cuál es la situación, y cuáles son las opciones para modificarla. Hemos de entender cómo se generó el problema, ver la situación actual y las alternativas realistas para cambiarlo, con aceptación completa. Podremos evolucionar y funcionar en el futuro sin que el pasado nos condiciones cuando podamos decir: “esta fue mi historia, no puedo cambiarla, pero la he mirado de frente y la he asimilado. Ahora estoy en el presente, me siento completo, puedo entender y aceptar todos los aspectos de quién soy”.
Pasado: Así fueron las cosas
Ha estado condicionando nuestras elecciones y reacciones, tanto si no hemos pensado en él como si hemos vivido torturados por los recuerdos. No vamos a cambiar los hechos, pero sí la lectura que hacemos de ellos, llegando a un distanciamiento emocional; recordamos lo que nos pasó, pero ya no lo sentimos. No nos deja indiferentes, pero no nos desborda.
Sólo asumiendo el pasado tal como fue, podremos superarlo de verdad sin preguntarnos ¿cómo no hice nada?, ¿Cómo puede la gente hacer estas cosas? O ¿por qué tengo tan mala suerte? Estas preguntas son trampas que no nos permiten aceptar que pasó y que no podemos cambiarlo ni volver atrás. Asumir el pasado implica apartar las dudas, ya que nuestras memorias son como son y lo esencial es nuestra visión subjetiva, la vivencia. Estaremos listos para vivir el presente sin lazos con el pasado cuando podamos decirnos mirando nuestra historia: “así fue, así lo recuerdo, hice lo que pude con todo aquello”.
Presente: Esto es lo que hay
Cuando nos hayamos reconciliado con nuestra historia, también lo haremos con nuestra realidad sin plantearnos cómo podría haber sido si nuestro pasado hubiera sido diferente. Hemos de aprender a movernos en el mundo real en el presente, y aunque sea un mundo arrasado podemos reconstruirlo porque habremos recuperado la capacidad de explorar y el deseo de conocer. No repetiremos lo mismo de siempre porque nos estaremos reinventando. “esto es lo que hay” es aceptación, porque sólo podemos modificar algo que aceptamos que existe y trabajaremos para cambiar solo aquello que se pueda cambiar.
Futuro: Ya se verá
Un pasado difícil condiciona lo que nos queda por vivir, activas creencias pasadas y hace que sintamos que no tenemos opciones y que todo el mundo nos traicionará. Por tanto, cuando reescribamos nuestra historia, recuperaremos todo nuestro potencial y no nos pelearemos con nosotros mismos, sino que todo nuestro interior jugará en el mismo equipo. Seguiremos aprendiendo a protegernos y a cuidarnos.
Aprenderemos a disfrutar de la incertidumbre, “ya se verá” no nos dará miedo, nos resultará estimulante porque sabremos que las heridas se curan y se cicatrizan y tendremos claro que vale la pena vivir.
Este futuro es realista, en constante desarrollo y modificación. Tendremos unos objetivos y podremos reformularlos sobre la marcha en función de las circunstancias. Para plantearnos así el futuro, hemos de resolver el pasado soltando el lastre y quedándonos con los aprendizajes sanos. Los pies han de estar firmes en la realidad presente, en contacto con todos nuestros recursos, integrando pasado y presente y asumiendo todo lo que somos.

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